Los servicios ambientales pueden definirse como los beneficios que las personas obtienen de los ecosistemas. En conjunto, estos beneficios son fundamentales para la salud y el bienestar de todos los seres humanos y para el mantenimiento y desarrollo de la sociedad en la Tierra.

La valoración de los ecosistemas es un proceso económico que asigna un valor (ya sea monetario, biofísico o de otro tipo) a un ecosistema o a sus servicios ambientales. Al cuantificar, por ejemplo, los beneficios para el bienestar humano de un bosque para reducir las inundaciones y la erosión al tiempo que se capta el carbono, se proporciona un hábitat para las especies en peligro de extinción y se absorben sustancias químicas nocivas, esa monetización proporciona idealmente un instrumento para que los encargados de la formulación de políticas y los conservacionistas evalúen los efectos de la ordenación y comparen un análisis de la relación costo-beneficio de las posibles políticas. Sin embargo, esas valoraciones son estimaciones y entrañan la incertidumbre cuantitativa inherente y el debate filosófico de la evaluación de una serie de costos y beneficios no comerciales.

Una motivación para la valoración ecológica es que el valor económico de la naturaleza está oculto a la vista. Debido a que los bienes y servicios del ecosistema tienden a ser compartidos, bienes públicos que no se compran y venden, no vemos su valor a través de la lente de las transacciones de mercado. Estamos acostumbrados a pensar que los coches y las hamburguesas son valiosos porque pagamos un precio por ellos. Sin embargo, no compramos ni vendemos servicios del ecosistema, lo que puede llevarnos a subestimar su valor. Esto es inquietante tanto para los conservacionistas como para los economistas. Después de todo, sólo porque algo no tenga precio, no significa que no sea valioso. Una motivación para la valoración ecológica es llenar estos “precios faltantes”, de modo que el valor de la naturaleza sea visto y apreciado en igualdad de condiciones con los productos básicos del mercado.

El proceso de valoración de los servicios de los ecosistemas es un aspecto importante de la gestión del medio ambiente como un activo con beneficios para todos.

Si bien la valoración no es sólo una cuestión de dinero, hay un interés creciente entre muchos por encontrar formas de reflejar el valor del medio ambiente en las decisiones que tienen una dimensión económica

¿Qué es la valoración económica?

La valoración económica es una forma de comprender cuánto vale algo para determinadas personas o para la sociedad en su conjunto

El Valor Económico Total es un marco desarrollado para caracterizar por qué y cómo los individuos valoran los beneficios recibidos del medio ambiente. La razón más obvia es que nos beneficiamos personalmente de los muchos usos del medio ambiente natural, directamente (por ejemplo, comiendo alimentos cultivados en nuestros campos) e indirectamente (por ejemplo, a través de los procesos que hacen circular los nutrientes en el suelo y los ponen a disposición de los cultivos), ahora y en el futuro. Este es el valor de uso.

Tipos

Valoración de uso directo. Estos valores pueden obtenerse a menudo examinando el funcionamiento de los mercados existentes (aunque hay que tener en cuenta los costos de producción externalizados que pueden no reflejarse adecuadamente en los valores de mercado, como el costo del tratamiento de la contaminación del agua causada por la agricultura).

Valoración de uso indirecto. Estos incluyen los procesos que contribuyen a la producción de bienes y servicios como la formación del suelo, la purificación del agua y la polinización, que con frecuencia no se reflejan en los valores de mercado (es decir, se externalizan) pero que pueden establecerse mediante la comprensión de los costos de mercado en que se incurre para proporcionarlos.

¿Cómo se valoran los servicios ambientales?

La valoración identifica cuatro categorías amplias de servicios: servicios de aprovisionamiento, servicios de regulación, servicios culturales y servicios de apoyo.

Servicio de aprovisionamiento: La utilización de los precios de mercado: las estimaciones utilizan únicamente valores, Por ejemplo, podemos examinar la cantidad de alimentos, agua, madera, combustible, minerales, etc. que las personas compran (y a qué precio) ya sea para su consumo directo o para utilizarlos como insumo para la producción. Podríamos, entonces, observar cómo cambia esta compra en respuesta a los cambios en la calidad y cantidad de los bienes y servicios.

Servicios culturales: Existen los beneficios menos tangibles de “calidad de vida” que las personas reciben a través del enriquecimiento espiritual, la recreación y las experiencias estéticas del entorno natural.

Servicios de regulación: También hay beneficios más amplios que experimentan las comunidades y la sociedad en forma de mantenimiento de los procesos naturales como el clima, el agua, el aire, el suelo, las enfermedades y las plagas.

Servicios de apoyo: Por último, la sociedad se beneficia indirectamente del modo fundamental en que los ecosistemas sustentan la vida, incluso mediante la producción biológica primaria (como la fotosíntesis), la formación del suelo, el ciclo de los nutrientes y el ciclo del agua.

Y también podemos valorar el medio ambiente por razones desinteresadas: querer que esté ahí para el beneficio de otras personas durante nuestras vidas (valor altruista), para las generaciones futuras (valor de legado), y por el bien de la propia naturaleza independiente de nuestro uso de ella (valor de existencia).

Como vemos, mantener los recursos y servicios ambientales es muy importante y podemos empezar a hacer un uso consciente de los recursos naturales y moderar la presión en nuestro ambiente.